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Maximiliano Cordaro: Nada elegante y poco profesional

Griezmann

Los recientes casos de Griezmann y Neymar, quienes se niegan a entrenar con sus clubes para ejercer presión y ser vendidos, abre nuevamente el debate sobre estos comportamientos irrespetuosos de atletas que deberían ser ejemplo.

En los últimos años, se ha convertido en algo recurrente. Una maniobra nada elegante y poco profesional. Leer que un futbolista no se presenta a tiempo para la pretemporada de su equipo como herramienta de presión para ser transferido ya no es un suceso extraordinario, sino un mal hábito que están absorbiendo los jugadores.

Bale fue uno de esos primeros casos cuando se negó a entrenar con el Tottenham para que éste negociara con el Real Madrid, mismo caso años después aplicó Dembelé con el Borussia Dortmund para poder marcharse al Barcelona. En este verano europeo, los principales gritos de conflicto vienen de parte de Neymar en el PSG y Griezmann con el Atlético de Madrid. Ambos, quieren marcharse.

Griezmann habría alegado que sería un “estrés emocional” reincorporarse al equipo rojiblanco cuando ya había anunciado su despedida. Neymar se apoya en su padre, expresando que el “PSG estaba al tanto de su no presencia”, mientras que el club ya confirmó de manera oficial que no se presentó la fecha establecida.

Si bien la voluntad del futbolista es sagrada, todo está en las formas. Hay un contrato de por medio y responsabilidades elementales que se deben cumplir, incluso cuando la relación entre las partes no está en su mejor momento. Una cosa es manifestar la intención de abandonar el club y a través del agente comenzar a llegar a un acuerdo con la institución para negociar y aceptar la oferta del club que presente al jugador. Pero la rebeldía y no presentarse al lugar de trabajo, no es el proceder correcto.

Una situación que de manera perfecta se puede trasladar a la vida diaria. Es como si un empleado se niegue a cumplir sus labores en la empresa con la cual está bajo contrato porque desea irse a otra. Mientras todo se concreta, hasta el último día, el deber es cumplir para luego cerrar el ciclo con las compensaciones o multas que traiga la culminación contractual. Es un tema de códigos y respeto.

No se trata de separar víctima de victimario. El club es quien paga el sueldo del jugador y del cual se espera independientemente del rendimiento competitivo, que el atleta cumple con sus horarios de entrenamiento y demás actividades ligadas a la institución. Luego, cuando hay alguna situación que pueda llevar a una separación como una trasferencia, rescisión del contrato o no renovación, debe solventarse con una comunicación fluida entre todas las partes y donde todos cumplan lo establecido.

Podemos apartar estos casos de lo ordinario, cuando hablamos de acciones o consecuencias. Los agentes que aplican este tipo de estrategias, saben que con la presión los clubes generalmente ceden pues no les conviene tener un futbolista descontente y que se desvalorice en el banco. Al máximo, llegará una multa para el futbolista por no presentarse a entrenar por una suma que no pone en juego la estabilidad económica de alguien que gana millones de dólares al año.

Luego podríamos citar el otro extremo: que el club se niegue rotundamente a vender al jugador cuando se le ofrece un mejor contrato y además el precio por su transfer es el justo. Incluso en esa situación, el atleta debe actuar como un caballero y cumplir con sus deberes. Serán sus representantes, abogados y el resto del entourage en encontrar las formas para poder obtener la solución deseada.

FIFA debería tomar estos casos como referencia, amén de que también los clubes de ahora en adelante se cuidarán más las espaldas con cláusulas que hagan más difícil este tipo de comportamiento.

Si el fútbol es de los futbolistas, ellos deben ser los primeros en dar el ejemplo.

@MaxCordaro

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